Entrevistas

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Mauricio Wiesenthal

“Nos gobierna una burocracia sin fe. Hay que subvertirlo todo”

Aunque trató a Hemingway y a Coco Chanel, a Kazantzakis y Paul Morand, Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943) es el mejor personaje de su Libro de Réquiems y de El esnobismo de las golondrinas (Edhasa), obras ya de culto en las que ha destilado 40 años de viajes, lecturas y pasiones. Bisnieto de músico y nieto de editor, prefiere la Estética “a la hipocresía de nuestra sociedad” y apuesta por el humor:“El que tiene que ser serio es el editor”.

Pregunta: ¿Europa está condenada por haber olvidado su cultura?
Respuesta: Condenada a recordar… Los europeos llamamos a los momentos dorados de nuestra memoria un Renacimiento.

P: ¿Qué diría Zweig de esta Europa de burócratas?
R: “Se necesita fe para luchar” -dijo en una de sus últimas cartas. Ahora nos gobierna una burocracia sin fe. Hay que subvertirlo todo.

P: ¿Y Cocteau?
R: Cocteau era como la luna en las ruinas. Fino. Puro perfil. Así podía sobrevivir a todo. Podría haberse presentado a unas elecciones con Edith Piaf. Mejor que Sarkozy y Segolène Royal. Otra época.

P: ¿Nietzsche comprendería los crímenes cometidos en su nombre?
R: Se enfrentó a Wagner porque este genio del pangermanismo intentaba suplantar a Homero con los Nibelungos. Nietzsche no hubiese soportado la apoteosis de mal gusto del III Reich. Hoy vuelve el Señor de los Anillos. ¿Para cuándo Homero?

P ¿Tolstoi colaboraría con una ONG?
R Conocí a Alexandra, la hija menor de Tolstoi en EE.UU., dirigiendo una organización para refugiados. Se exilió cuando en la URSS faltó la libertad de expresión. Su padre habría hecho lo mismo.

P ¿Morand entendería a los poetas más preocupados por lo que cobran que por sus versos?
R Morand había visto cómo Diághilev se arruinaba con los Ballets Rusos. Cuando el artista deja de ser un idealista comienza a ser un comerciante desagradable: un vendedor egocéntrico.

P ¿A qué atribuye usted el triunfo de la cultura basura?
R A la cultura del triunfo. Nosotros los europeos admirábamos a los héroes caídos, porque sabíamos que la lucha noble (la aristeia griega) es digna de admiración. Y que todos los muertos en el combate limpio de la vida merecen la paz.

P ¿Son los esnob una especie en extinción?
R Los quijotes siempre están en extinción. Yo les llamo esnobs (desclasados, decadentes, a veces ingeniosos). El Ingenioso Esnob Don Quijote de la Mancha.

P ¿Se siente quizá esnob por voluntad y por destino?
R Prefiero la Estética a la hipocresía ética y a la mansedumbre de conveniencias que hoy caracterizan a nuestra sociedad. Presentándome como Lord Snoblington (es un juego que debo a Thackeray) logro dos cosas: la libertad del gusto y el rechazo (a veces el insulto) que me ofrendan los filisteos.

P ¿En qué sentido El esnobismo de las golondrinas “quizá no es un libro para gente seria”?
R Entiéndalo en un tono muy nietzscheano. Me gustaría que fuera un libro para iniciados de Dionisos. De todas maneras para un escritor no es importante ser serio. El que tiene que ser serio es mi editor.

P De todos sus viajes ¿a cuál no renunciaría?
R Con los viajes nunca se sabe. Fui a la antigua URSS a estudiar a Púshkin y, cuando regresé, sólo había aprendido a hacer colas…

P ¿Ha dejado alguna vez de sentirse extranjero?
R A menudo llevo corbata de lazo y sombrero. Un joven me preguntó un día si imitaba a Indiana Jones. Yo, modestamente, sigo a Thomas Mann.

P Un paisaje…
R Un día, a orillas del Tiberíades he visto el mundo al revés: un reino encantado.

P Un verso
R “Canción, yo he dicho más que me mandaron, y menos que pensé: no me pregunten más, que lo diré”. Garcilaso, naturalmente…

P Tardó 40 años en publicar Libro de réquiems y 2 en que El esnobismo… viera la luz ¿le ha conquistado el mercado?
R El esnobismo de las golondrinas no se escribe en dos años. Tengo mucho, mucho, escrito en mis años oscuros y aún por publicar. Que vengan. Que vengan a conquistarme…

Nuria AZANCOT (Diario EL MUNDO)

ENTREVISTA CAPOTIANA A MAURICIO WIESENTHAL

Por Toni Montesinos (25 de junio del 2010) - Blog Alma en las Palabras

 

En 1972, el escritor estadounidense Truman Capote (1924-1984) publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» y en él el autor de A sangre fría se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Mauricio Wiesenthal.

M.W. en Olimpia (Grecia)  -Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
He vivido siempre viajando. Elegiría un camino, en la frontera entre dos países. Me aburren los nacionalismos. Así podría asomarme siempre al extranjero.
-¿Prefiere los animales a la gente?

No me gustan los animales amaestrados que parecen gente. La doma es como una educación burguesa que pervierte los instintos valientes y nobles. Pero tampoco me gustan las gentes cuando parecen animales.

-¿Es usted cruel?

Con los demás no, de ninguna manera. Conmigo soy perseverante… una forma continuada de severidad

-¿Tiene muchos amigos?

Más amigas.

-¿Qué cualidades busca en sus amigos?

De niño me gustaba compartir con ellos el Lego; ahora incluso comparto el Ego.

-¿Suelen decepcionarle sus amigos?

No los frecuento tanto. Y las amigas… no me frecuentan bastante.

-¿Es usted una persona sincera?

En mis sentimientos e ideas soy absolutamente sincero. Cuando escribo soy más sutil, porque busco en cada verdad su belleza. No me resulta fácil. Por eso considero ridículos a los que intentan deconstruir el arte quitándole la belleza para buscar una verdad sin piedad.
-¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Me angustia una sala de cine, me aburre la televisión, no soporto los juegos de familia (creo que son un sucedáneo del incesto), prefiero una noche en casa más que una noche fuera y nunca se me ocurrió meter un barco en una botella… Me siento muy libre cuando escribo, cuando toco la flauta o puedo perderme en una buena música; también cuando medito, estudio y leo. Hago también cada día una dieta de soledad: me sienta mejor que los cereales.

-¿Qué le da más miedo?

Morir sin poder sentir el momento. Ya cuando era niño me gustaba apretar en el ascensor el botón de “subir”.

-¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

Me escandaliza todo lo que no tiene sentimiento, generosidad, arrojo y poesía, aún cuando parezca útil, rentable y práctico. Y, dentro de lo útil, me horroriza sobre todo lo colosal.
-Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Tendría que haberme sometido a otro tipo de terapia: un psicoanálisis, por ejemplo.
-¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Me gustaba mucho pasear por el campo. Pero ahora los paseos están llenos de campos de golf.

-¿Sabe cocinar?

No con muchas estrellas. Pero, en mi casa, los amigos no tienen que levantarse de la mesa y tirar la bandeja…

-Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

Mis personajes inolvidables están olvidados. No interesan en las revistas.
-¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

Amor.
-¿Y la más peligrosa?

Querer, sobre todo cuando la confunden con amar. Amar es un deseo de entregarse, propio del espíritu y de la eternidad. Querer es sólo una voluntad de poseer, típica del fin de semana.

-¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

No es mi estilo.

-¿Cuáles son sus tendencias políticas?

A muchos que están arriba los pondría debajo… Pero quizás esta es ya una opción sexual…

-Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Todo, menos mi heredero…

-¿Cuáles son sus vicios principales?

Cosas… de buen gusto.

-¿Y sus virtudes?

Sé resistir. Y eso tiene sus ventajas, porque me permite mantenerme mucho tiempo en la tentación.

-Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

El salón iluminado del barco, la música y mi último baile con ella. Hay una agonía en la pasión del baile y un erotismo en la muerte…